EL BUEN ‘SAMARITANO’ LE MUESTRA COMPASIÓN A TODOS POR IGUAL


Todos sabemos el valor de los buenos vecinos. Los buenos nos hacen la vida más amena; los malos nos causan estrés constantemente.

Jesús nos mandó amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, pero él no se refería a los que nosotros consideramos nuestro prójimo; de hecho, él se refería a todo lo contrario.

Un hombre le preguntó a Jesús: “¿Quién es mi prójimo? Jesús le respondió contándole la historia del buen samaritano y le preguntó cuál de los tres hombres en la historia –el sacerdote, el levita o el samaritano—probó ser un buen prójimo del hombre que había caído en manos de ladrones?”

El hombre que había hecho la pregunta respondió: “El que le mostró compasión al hombre herido”.

Los judíos de ese tiempo no hubieran llamado prójimo al samaritano, pero Jesús sí porque el samaritano mostró compasión y suplió las necesidades de la víctima del robo.

Desde la perspectiva de Jesús, el prójimo es cualquier persona que ayuda a alguien en necesidad; alguien que muestra compasión. En otras palabras, no es solo el vecino de al lado; es cualquier persona. Es como si Jesús hubiera anticipado un mundo conectado globalmente en el que estuviéramos al tanto de las personas que sufren no solo en los caminos por los que andamos sino en todas las comunicaciones que entablamos.

Y así como al samaritano, no debería importarnos si son como nosotros o no. La ciudadanía nacional no importa. La raza no importa. La religión no importa. El género no importa, y así sucesivamente. Si vemos a alguien en necesidad y lo podemos ayudar, debemos hacerlo.

Ahora bien, si alguna vez hemos tenido un buen vecino en el sentido literal de la palabra—las personas que viven junto a nuestra casa—sabemos lo que eso vale.

Tengo un vecino llamado Larry. Tiene cabello platinado un tanto largo y barba. Después de los tres años que hemos vivido el uno frente al otro, Larry ha mostrado ser un verdadero amigo. Larry muestra genuino cuidado por Trese y por mí, pero Larry trata a todos de la misma manera. Lo he visto podar los árboles de una mamá soltera, y todos en el vecindario lo conocen.

Jesús nos pide que amemos a nuestro prójimo. Cuando amamos a nuestro prójimo, compartimos nuestra vida. No se trata solo de ser amigable; se trata de involucrarnos con él en el diario vivir.

La mayoría de las personas que asisten a la iglesia son amigables con las personas que conocen, y generalmente se preocupan por aquellos que sufren, pero los verdaderos seguidores de Jesús son más que amigables y compasivos; se involucran intencionalmente a fin de satisfacer las necesidades espirituales y físicas de quienes se cruzan en el camino y tienen necesidad.

Amar a nuestro prójimo, como Jesús lo dijo, es estar dispuesto a dar y sacrificar por su bienestar. Significa estar disponibles para ellos.

Larry es una de mis personas favoritas en este mundo. Mi vida es mejor por conocerlo, pero Larry no es cristiano; no tiene una religión, aunque se siente atraído hacia el budismo.

El otro día hablaba con él sobre mi trabajo y de cómo el versículo bíblico en Miqueas 6:8 es la guía para lo que hacemos.

¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios (NVI).

Larry me respondió algo así: “Me gusta. ¿Has escuchado la canción ‘Noble y humilde’ de Tim McGraw? Te encantaría, es sensacional.

Ahora la conozco gracias a Larry, y tenía razón, me encanta. Este es el meollo del asunto: Larry es de San Antonio; yo soy de Dallas. A Larry le gustan las rocas, y a mí los libros. Larry poda su césped con una de esas podadoras antiguas; yo contrato a un jardinero. Larry no tiene una religión a la que pertenezca; yo trabajo con cosas relacionadas a la religión todo el tiempo, pero nada de eso importa para poder ser un buen vecino.

Larry nunca me lo ha dicho, pero me ama a pesar de que somos diferentes en muchos sentidos. Larry ‘obedece’ a Jesús de una manera que muchos que asisten a la iglesia no lo hacen; ama a cualquiera que se topa en su camino; sigue el ejemplo de Jesús y sus enseñanzas.

Si Jesús se topara con Larry en la calle y le dijera que amara a su prójimo, Larry no le preguntaría: “¿Quién es mi prójimo?” Probablemente le respondería: “Claro que sí, eso es lo que estoy haciendo”.

Puede que Jesús siguiera mostrándole a Larry lo que quiere decir ‘prójimo’, y la importancia de amar a Dios y seguirlo, pero creo que Jesús sabría que hay algo especial en Larry: alguien que sabe lo fundamental sobre el amor a otros aunque no sepa mucho de religión.