EL EVANGELIO, LA GENTRIFICACIÓN Y SHALOM


Por Bryant Lee

Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel, a todos los que he deportado de Jerusalén a Babilonia. “Construyan casas, planten huertos y coman de su fruto. Cásense, y tengan hijos e hijas; y casen a sus hijos e hijas, para que a su vez ellos les den nietos. Multiplíquense allá, y no disminuyan. Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad” (Jeremías 29:4-7, NVI).

La palabra “gentrificación” es análoga a “cáncer” en muchas comunidades para aquellos que han dado sus vidas por los desafíos y preocupaciones de estos vecindarios. La realidad es que las comunidades siempre evolucionan hacia formas y configuraciones nuevas en la medida que nuevas personas, negocios, ministerios y tipos de desarrollo cambian el panorama cultural.

Escucho las palabras de Jeremías resonar claramente en mis oídos, de labios tanto de plantadores de iglesias como de pastores bien establecidos; sin embargo, en ocasiones me siento a conversar con múltiples inversionistas comunitarios que sienten un grado de incomodidad y desilusión debido al contexto cambiante. Cuando ofrecemos consejo, la pregunta que debemos responder es: ¿Qué quiere Dios? ¿Le importan a Dios esos nuevos residentes tanto como le importan los ya existentes? Además, ¿cómo podemos vivir juntos para la gloria de Dios?

Si creemos que Dios es soberano sobre todas las cosas, entonces debe ser Él quien orquesta para su gloria la complejidad cambiante de las comunidades. Si estamos de acuerdo en que el evangelio tiene el poder para unir a personas de diversos trasfondos y clases socioeconómicas, entonces ¿cómo hacemos este trabajo?

En la oración de Jesús que se encuentra en Juan 17:20-23, él pide básicamente que su pueblo sea identificado por su propósito unificado de demostrar el amor de Dios ante un mundo que lo observa. La primera meta de la armonía de una comunidad debe ser el encontrar la paz con la persona de Jesucristo. Ahí es donde la verdadera paz comienza y termina,y, con ese fin, buscamos construir los espacios y lugares que dan lugar a esta idea gloriosa.

Aquí es donde lo práctico de Jeremías entra en juego. Básicamente, se nos anima a que vivamos no como participantes aislados,sino como una comunidad unificada. Echemos un vistazo a todas las amonestaciones dadas a Israel y nos daremos cuenta que eso es lo que los residentes ya establecidos y los nuevos desean para sus comunidades en el siglo XXI.

Seguramente nadie se disgustaría cuando en un lote que está vacío se construyera una casa para añadir belleza al  cambiante escenario; ¿Quién no querría un jardín comunitario donde todos compartan vegetales y frutas frescas? Es aún más emocionante la idea de que nuestros hijos estén seguros y las familias prosperen.

Lo que dificulta la gentrificación es cuando dejamos a un lado el resto de las amonestaciones de este pasaje. Primero, busca el bienestar de la ciudad o la comunidad; esto incluye a todos los residentes, no solo a los nuevos que aportan financieramente,sino también aquellos que tienen años de invertir en la comunidad tanto con capital financiero como humano. Este es el punto en el que tanto quienes llegan como aquellos que ya están establecidos deben estar de acuerdo.

Imagine conmigo lo que sucedería si comenzamos con oración en lugar de peticiones y promesas no cumplidas. ¿Qué impacto podría tener la comunidad colectiva si el bienestar de todos fuera la meta, y no solo la felicidad de unos pocos? Debemos convencernos de que en un mundo hostil la idea de paz es posible cuando todos nos comprometemos al bienestar de la comunidad en la ciudad en donde nos encontramos.

Considere las siguientes acciones básicas que ayudan a fomentar la paz.

1. Sea un iniciador de conversaciones en su comunidad.

2. Invierta tanto en propiedades como en las personas.

3. Sea incluyente cuando nueva informaciónque afecta a la comunidad salga a la luz.

4. Involucre a otros en el proceso de cambio.

Es un hechoque la gentrificación es una realidad constante del panorama cultural de una sociedaden cambio constante. Pero el hecho más grande es este: El evangelio sigue siendo el mejor nivelador de todas las cosas viejas y nuevas. El buscar la paz no solo está disponible,sinotambién al alcance de todos los que deseen experimentar la paz.

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