Lidiar con la Complejidad Después de la Tragedia


La masacre de 49 personas en Orlando ha producido en

muchos de nosotros una ola de tristeza, una profunda tristeza. 

Toda persona es una criatura de Dios, y hemos perdido ahora a 

50 de ellos: las víctimas y su verdugo.

A esa cruda realidad se añade otra tristeza: el asesino actuó a partir de un tipo de lealtad a un grupo terrorista que se adscribe a una fe religiosa. La mayoría de nosotros, incluyendo a muchos musulmanes, no tenemos ese tipo de fe. La fe cristiana, afortunadamente, nos mueve a amar a todas las personas, especialmente a aquellos con quienes estamos en desacuerdo. Jesús dijo:

"Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus 

enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes 

los maldicen, oren por quienes los maltratan. Si alguien te pega 

en una mejilla, vuélvele también la otra. Si alguien te quita la 

camisa, no le impidas que se lleve también la capa. Dale a todo 

el que te pida, y si alguien se lleva lo que es tuyo, no se lo 

reclames. Traten a los demás tal y como quieren que ellos los 

traten a ustedes" (Lucas 6:27-31, NVI).

Uno de nuestros retos al enfrentar tales actos repugnantes es nuestra tendencia a simplificar las complejidades de la vida. Lo hacemos a cada rato.

El proceso político lo hace por medio del apoyo a un partido político, como si tan solo hubiera dos aproximaciones posibles a la plétora de asuntos que enfrentamos. 

La vida religiosa lo hace por medio del apoyo a una denominación, como si tan solo hubiera unas cuantas opciones básicas con respecto a la teología y la práctica: bautistas, católicos, metodistas, presbiterianos, etcétera, etcétera, y esos son únicamente los grupos cristianos.

La verdad de la masacre en Orlando es que es más compleja que simplemente decir que la gente es proLGBTQ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, personas Transgénero, Queers) o antiLGBTQ, promusulmana o antimusulmana. Uno puede llegar a creer que el estilo de vida de los LGBTQ dista de ser el ideal divino, y sin embargo puede amar, cuidar y proteger a los miembros de este grupo. Del mismo modo, uno puede llegar a creer que el islam es una religión extraviada y, sin embargo, entender al mismo tiempo que la inmensa mayoría de los musulmanes no tienen inclinación alguna a ser terroristas. Uno puede creer también que el estado islámico merece ser enfrentado con una actitud de oposición sin creer al mismo tiempo que todos los musulmanes son nuestros enemigos, pues no lo son.

Jesús nos mandó amar a Dios con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Acto seguido, definió al "prójimo" como toda persona en necesidad, aun aquellos que son más disímiles a nosotros. Esto es en esencia lo que significa vivir una vida cristiana. Es lo que sirve como fundamento para amar a la comunidad LCGBTQ y a la comunidad musulmana. Nuestra nación tendrá que lidiar con nuestros enemigos, pero los cristianos ciertamente pueden amar a su prójimo.