‘LOS BAUTISTAS SE OPONEN A LA CONSTITUCIÓN’ –LO QUE PUDO HABER SIDO


Por William M. Pinson, Jr.

“LOS BAUTISTAS SE OPONEN A LA CONSTITUCIÓN” pudo haber sido el encabezado de los periódicos en 1787.

¿Por qué los bautistas se opusieron rotundamente a la recientemente diseñada Constitución de los Estados Unidos de América? En pocas palabras, porque el documento no proveía una garantía de libertad religiosa, creencia muy apreciada por los bautistas.

En los primeros días de la llegada de los europeos a América, la libertad religiosa prácticamente no existía. La persecución a causa de puntos de vista religiosos opuestos a las iglesias subvencionadas por el gobierno se extendió y agravó en la mayoría de las trece colonias. Aunque pocos en número, los bautistas en esas colonias valientemente abogaron por la libertad religiosa, no como algo que es simplemente tolerado, sino como un derecho fundamental dado por Dios. Más que todo pedían libertad religiosa para todos, no tan solo para ellos.

Los bautistas pagaron un alto precio por sus esfuerzos. Sufrieron sangrientas peleas públicas, duros encarcelamientos, multas y ataques de mafias. Algunos perdieron sus trabajos, como Henry Dunster, el primer presidente de la Universidad Harvard, quien fue despedido por adoptar las creencias bautistas. Pero los bautistas no callaron.

La empecinada insistencia bautista en la libertad religiosa fue el resultado de la creencia de que no se trataba de una parte superficial de la doctrina bautista sino un ingrediente esencial. De hecho, la libertad de religión tiene que ver con todas las creencias importantes de los bautistas, como el señorío de Jesús, la autoridad de la Biblia, la salvación por gracia a través de la fe, el bautismo del creyente, la membresía de los nacidos de nuevo, la autonomía de la iglesia, y el evangelismo. Para ser consistente con las creencias basadas en la Biblia, los bautistas estaban dispuestos a pagar el precio que fuera para defender su libertad religiosa.

Y así lo hicieron. Los bautistas cubrieron las colonias con llamados a la libertad religiosa. A pesar de la persecución, predicaron sermones, escribieron libros y panfletos, y organizaron asociaciones para articular los argumentos a favor de la libertad de conciencia. Los bautistas se reunieron con delegados del Congreso Continental para presentar la causa por la libertad de religión. En la revolución armada contra Gran Bretaña, los bautistas pelearon hombro a hombro con aquellos que los habían oprimido con la esperanza de asegurar la libertad para todos. Cuando la nueva nación se formó sobre la base de los endebles Artículos de la Confederación, los bautistas cabildearon a los líderes gubernamentales a fin de proveer libertad religiosa. Cuando se formó una convención para “formar una unión más perfecta”, los bautistas oraron por que se otorgara una provisión para la libertad religiosa. Desafortunadamente, la nueva Constitución careció de dicha provisión.

Al descubrir las fallas de la Constitución, los bautistas comenzaron a pelear en contra de su ratificación. La firma de la Constitución por los delegados de la Convención Constituyente el 17 de septiembre de 1787 no estableció una nueva nación; eso requería la Constitución fuera ratificada por lo menos por nueve estados. La lucha contra la ratificación se extendió por meses. En Virginia, un estado clave en el proceso, los bautistas, dirigidos por el pastor John Leland, lucharon contra la ratificación. Leland vivió en la misma área que James Madison, quien se estaba postulando como delegado para ratificar la Constitución. Leland se opuso a él pero acordó apoyar a Madison si este prometía trabajar para procurar una enmienda a la Constitución que garantizara la libertad de religión. Madison prometió que lo haría, Leland y otros bautistas lo apoyaron, Madison ganó y, fiel a su promesa, cuando la Constitución fue finalmente ratificada y el nuevo gobierno se formó, Madison presentó una enmienda a la que se conoce como la Propuesta de Derechos. La primera enmienda garantizó la libertad religiosa. Los bautistas se convirtieron en entusiastas simpatizantes del nuevo gobierno.

Sin embargo, el problema no terminó por completo. La primera enmienda se aplicó solo al gobierno nacional, no a los estados. No fue sino hasta 1833 que desapareció la último iglesia subvencionada por el gobierno, en Massachusetts. Finalmente, con la aprobación de la cuarta enmienda en 1868, la provisión por la libertad de religión de la primera enmienda se aplicó a los estados.

Sin embargo, la provisión por la libertad religiosa en la Constitución está continuamente en riesgo. Los bautistas y otros grupos deben mantenerse vigilantes, de otra manera lo que se ha ganado a tan alto precio podría perderse.


El Dr. Pinson es el Director Ejecutivo Emérito de la Convención General Bautista de Texas. Para más información sobre la relación de los bautistas con la Constitución, visite baptistdistinctives.org y lea el libro “Baptist Beliefs and Heritage” en la serie Baptist Identity (Identidad bautista en español).