LOS SOÑADORES MERECEN COMPASIÓN


PorJesús Romero

Edith Franco tenía solo ocho años de edad cuando su familia cruzó la frontera sur de los Estados Unidos con el fin de buscar trabajo y un mejor futuro hace 17 años. Ha vivido en los Estados Unidos la mayor parte de su vida, y en el 2012 recibió un beneficio migratorio conocido como DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia). DACA le dio el beneficio de un permiso de trabajo, lo que le ayudó a obtener empleo, una licencia de conducir y una tarjeta de seguro social. DACA no conduce a nadie a la ciudadanía, pero sí le confiere estatus legal temporal a mucha gente joven.

DACA es un beneficio otorgado a los “soñadores”, es decir, a quienes, sin tener culpa alguna, llegaron a los Estados Unidos con sus padres de niños y han permanecido en el país sin estatus migratorio desde entonces. Se estima que hay cerca de 1.8 millones de soñadores en el país. En promedio, tenían seis años y medio de edad cuando llegaron por primera vez al país. Han crecido entre nosotros en los Estados Unidos y este es el país al que llaman su hogar.

Edith es, sin lugar a dudas, una soñadora. Habla inglés y español con fluidez, escribe poemas y cuentos; recibió un premio por excelencia académica en la Universidad Bautista de las Américas en el 2016, y se graduó en mayo de este año con una licenciatura en Letras Hispánicas. Desgraciadamente, Edith no va a poder mantener su estatus como DACA por mucho tiempo más.

El beneficio de DACA va a desaparecer por completo muy pronto, a menos que el Congreso norteamericano lo promulgue como ley o idee una solución alternativa para el dilema que enfrentan los soñadores. Desde el 2012, se calcula que 800.000 soñadores recibieron permisos de trabajo y protección contra la deportación por causa de DACA. Muchos de ellos no solicitaron el beneficio inicialmente por miedo a que los Estados Unidos cambiaran la política hacia ellos y buscaran su deportación utilizando la información que ellos mismos le proveyeron al gobierno con el fin de recibir elbeneficio. 

El daño potencial a vidas humanas y el impactonegativosobrenuestraeconomía si perdemos a los soñadores son inestimables. DACA fue constituido como un acto de misericordia de parte del gobierno norteamericano. No estaba diseñado para ser más que una solución temporal al dilema en que se encontraban muchos de estos jóvenes inmigrantes.

Pensar en DACA como un acto de misericordia me recuerda las misericordias de Dios hacia mí. Mi profeta favorito en el Antiguo Testamento, Jeremías, escribió en sus Lamentaciones: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad (Lm 3:22-23).

He sido creyente la mayor parte de mi vida, así que quizá soy culpable de dar por hecho la misericordia del Señor. Siempre he contado con que sus misericordias se renueven a mi favor cada mañana porque lo que sé de Él me indica que es un Dios compasivo, lleno de gracia y de tierno corazón. Además, cuento con sus misericordias cada día porque, francamente, siempre necesito su ayuda.

A causa de mi propensión al pecado, sospecho que Dios sufre un poquito cada vez que me otorga su misericordia; sin embargo, sé bien que sin su compasión, sería consumido. Por otro lado, al extendernos a nosotros, sus hijos, su misericordia, Dios nos muestra repetidamente que su fidelidad hacia nosotros es, en verdad, grande.

Es quizá porque estoy tan agradecido de experimentar las nuevas misericordias de Dios cada mañana que, en el fondo, algo en mí me lleva a extender esa misericordia a los demás, aun cuando hacerlo represente todo un desafío.

Los soñadores merecen nuestra compasión como país. Es cierto, sus padres han quebrantado las leyes de inmigración, pero nunca hacemos pagar, bajo ninguna circunstancia, a los hijos por las decisiones de los padres al respecto de la ley. Más allá de las habilidades y talentos que los soñadores nos aportan, son valiosos a los ojos del Dios cuyas misericordias son nuevas cada mañana tanto para quienes tienen estatus legal como para quienes no lo tienen.

Ha sido un acto significativo que el presidente Trump haya demandado que el Congreso tome cartas en el asunto a fin de beneficiar a los soñadores, y nos agrada ver el consenso bipartidista al respecto de ellos, pues se les ve como representantes de todo lo que hace grande a nuestro país. Debemos hacer un llamado a todos nuestros congresistas a fin de que extiendan misericordia a estos jóvenes inmigrantes, muchos de los cuales sirven en las fuerzas armadas, estudian en nuestras universidades bautistas y sirven en nuestras iglesias. En la medida que somos conscientes de cómo Dios nos regala sus misericordias, debemos animar a nuestros oficiales electos a regalárselas a Edith y a muchos soñadores como ella.

El Centro de Servicios y Ayuda de Inmigración (Proyecto ISAAC) ofrece ayuda legal y está disponible a los soñadores en nuestras iglesias que la necesitan. Nuestra oficina está localizada en la Universidad Bautista de las Américas en San Antonio, y nuestro teléfono es (210) 326-3273. Nos dará mucho gusto servirles, sobre todo porque hay una última oportunidad para que algunos soñadores renueven su DACA, si califican para ello. ¡Llámenos!

Si está interesado en abogar para que los soñadores reciban estatus legal, aquí le proporcionamos un textocorto que puede usar cuando contacte a sus oficiales electos.

El Dr. Jesús Romero es el Director del Centro de Ayuda y Servicios de Inmigración (ISAAC) y es el Director del Departamento de LenguasModernas de la Universidad Bautista de las Américas, ambos en San Antonio, Texas.