No Siempre es fácil discernir entre lo bueno y lo malo


Determinar lo que es malo (pecaminoso) a veces es difícil. Aquí hay una historia para ilustrarlo:

Crecí en una familia que iba a la iglesia cada domingo en la mañana y en la noche, así como la mayoría de los miércoles. Después, alrededor de 1964, empezamos a ir a los juegos de futbol americano de los Vaqueros de Dallas los domingos; por lo cual no fuimos a la iglesia en algunas ocasiones. Ahora que veo hacia atrás, esos recuerdos familiares son de mis favoritos.

Las comidas, la iglesia y los juegos de futbol americano eran tres cosas que hacíamos como familia, pero los juegos de futbol americano eran los únicos de los que realmente conversábamos, celebrábamos y por los que agonizábamos. En la iglesia no hablábamos; durante la comida, papá y mi hermana conversaban, mientras mamá y yo comíamos, escuchábamos y ocasionalmente hacíamos algún comentario de novatos.

No estoy seguro de porqué mis padres rompieron con la tradición de ir a la iglesia y empezaron a ir a los juegos de futbol americano, pero tuvo que ver principalmente con el hecho de que mi madre se convirtió en una aficionada de los Vaqueros debido a que era prima lejana de Don Meredith.

Creo que papá hizo algo bueno por la familia al sacarnos de la iglesia para que le echáramos porras a los Vaqueros; nos dio algo emocionante y que, al mismo tiempo, hacíamos juntos y nos hacía acumular recuerdos.

¿Fue un pecado? ¿Estábamos abandonando la reunión de los santos? ¿Violamos el día de descanso? Técnicamente, sí; pero hay algo más complejo que ese simple veredicto, porque tuvo la función genuina de nutrir nuestra unión como familia en medio de una época en que las generaciones estaban quebrantándose. Hizo a nuestra familia más fuerte y la hizo una mejor familia. La Biblia definitivamente afirma la importancia de la familia.

Esta parte de mi historia personal explica lo que pienso sobre la asistencia a la iglesia hasta el día de hoy. He sido maestro de escuela dominical casi toda mi vida de adulto, pero nunca me ha molestado que los miembros de mi clase dejen de ir al estudio para hacer algo con sus familias. En un mundo de tantas distracciones, han escogido conectarse con sus hijos, quienes los necesitan urgentemente.

Hay otros, sin embargo, de quienes me temo han enviado un mensaje diferente a sus hijos, un mensaje muy malo, pues rara vez asisten a la iglesia. Hacen cosas con sus familias, la mayoría de las veces deportes, pero me parece que su actitud es diferente a la de quienes faltan a la iglesia ocasionalmente los domingos. Me temo que el mensaje que mandan a sus hijos es que Dios y la iglesia no son importantes; que se trata de una distracción más.

Esto refleja los retos de la vida cristiana en una sociedad compleja y diferente a la de las Escrituras. Si tratamos de simplificarlo y decir que un comportamiento es correcto o incorrecto, bueno o malo, es posible que pasemos por alto un bien aún mayor que es claramente articulado en las Escrituras.

Todo lo dicho hasta ahora tiene el propósito de subrayar que es difícil tomar buenas decisiones cada día, y nadie lo hacemos perfectamente. Necesitamos la oración, las Escrituras, los ministros y los amigos cristianos a fin de poder ver con sinceridad nuestras propias decisiones de vida y medirlas con el rasero de la luz de la revelación de Cristo.

No sé si mis padres hicieron mal al llevarnos a los juegos de futbol americano de los Vaqueros. Estoy seguro que algunas personas en esa época pensaban que estaba mal. Una cosas es cierta, mis padres me enseñaron que el participar en la iglesia es importante y que el tiempo familiar es una prioridad también, y eso suena muy bíblico.

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