NOSOTROS, LOS VOYEURS DE LA VIOLENCIA, SEGUIMOS ENGENDRANDO UNA VERDADERA VIOLENCIA.


La glamorosa Las Vegas es la muestra más reciente de violencia. La muerte acabó con la ilusión de un festival. Lo que sucedió en Las Vegas no puede permanecer en Las Vegas; se ha convertido en una noticia trágica, el peor tiroteo en la historia de los Estados Unidos. Los aficionados corrieron, y todos quisiéramos poder escapar de la carnicería maligna que se nos aparece en cada esquina.

Oramos; aun los no cristianos oran, y al hacerlo es como si pensáramos que no hay nada más que se pueda hacer.La violencia no debe sorprendernos. Este mundo siempre ha sido un lugar violento y mortal. Empezó cuando Caín mató a su hermano por celos mezquinos (Génesis 4:1-16). Y entre más nos alejamos del jardín del Edén, las cosas empeoran más porque una cosa es cierta: cada uno de nuestros antepasados era un desquiciado, pecador y egoísta. Dios puso un cerco alrededor de ello mediante la ley, pero el mal no pudo ser contenido (Romanos 8:3).

La humanidad le dio la espalda a Dios. Todavía lo hace, y a veces se manifiesta conviolencia terrible y destructiva. Jesús habló vida, fe, esperanza, amor y perdón a este mundo confuso. Algunos de nosotros lo aceptamos y nos gozamos en su gloria, pero todavía hay una parte de nosotros que es atraída por el mundo.

Observamos violencia innombrable en películas. Las imágenes generadas por computadoras han hecho

posible representar una decapitación con un detalle y textura que las hacen parecer reales. Hace no mucho tiempo, la cámara no seguía la espada hasta el final; la escena se desvanecía en ascenso o se alejaba del golpe mortal.

Perpetramos la violencia electrónica a través de videojuegos. Estos juegos parecen tan reales que le ofrecen a la persona que los juega la sensación de poder asociada a la destrucción. Lo que el jugador no experimenta es lo que cada guerrero de la vida real experimenta: el insoportable peso mental de presenciar una carnicería humana y daños.

Nosotros, voyeurs de la violencia, ¿qué esperamos de nuestro mundo? La violencia nos duele cuando sucede en casa, pero el ver violencia y entretenernos con juegos llenos de ella ha perpetuado la fosa séptica en la que crece la maldad, con lo cual compartimos así la culpa de un mundo caído.

Cuando entendemos esto, recordamos con más cuidado la verdad de las palabras del apóstol Pablo:Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz. Jesucristo dio su vida por nuestro pecado para rescatarnos de este mundo malvado, según la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por todos los siglos. Amén (Gálatas 1:3-5, NVI).

La gracia y paz de Dios y el rescate se aprecian más cuando vemos la maldad de este mundo y nos percatamos de que nosotros somos parte de ella.

Que Dios nos ayude a vivir más consistentemente en su camino, reflejando su luz en este mundo de sufrimiento.