QUE PODAMOS ENCONTRAR PALABRAS QUE SANAN DESPUÉS DE UNA TEMPORADA DE PALABRAS OFENSIVAS


Hace algunas semanas dejé de hacer comentarios sobre las campañas presidenciales en las redes sociales. No había apoyado a ningún candidato en particular, pero dejé de opinar porque no confiaba en mí mismo. Estaba empezando a disgustarme y me sentía tentado a hacer comentarios ofensivos, a etiquetar a las personas o a faltar al respeto.

Ha sido difícil dejar de hacer comentarios, pero me alegro de haberme refrenado. Mi enojo y mi rabia no habrían sido de ninguna bendición para mi familia, amigos o para mí mismo.

Hoy estamos cerca del final y me pregunto de qué manera el lenguaje cruel de esta campaña nos afectará como personas en el futuro, y no estoy hablando de las diferencias en política y la discusión de hechos; hablo de las palabras ofensivas, de los insultos y de las mentiras de ambos lados). ¿Podemos unirnos para respaldar a un presidente imperfecto? Ninguno de nuestros presidentes ha sido perfecto y no siempre hemos estado unidos.

El sur se dividió cuando la nación eligió a Lincoln, quien se oponía a la expansión de la esclavitud. La locura del curso separatista salió a la luz, y ahora los grupos se ven tentados a separarse de maneras menos formales, pero la división no puede construir una nación vibrante y efectiva. Al hablar de división, no estoy hablando de desacuerdo; estoy hablando de un rechazo a trabajar con aquellos con los que no estoy de acuerdo por el bien común de la sociedad.

Se ha hecho uso de mentiras y distorsiones para descreditar a opositores desde los primeros días de nuestra nación. Es una práctica detestable que hace que uno se pregunte cómo es que hemos sobrevivido, y ahora nos encontramos en un nuevo punto en la historia forjado por mentiras y distorsiones.

¿Cómo saldremos adelante? El cuidar la manera en que hablamos es un buen comienzo. A pesar del ejemplo que nos han dado los candidatos, los partidarios políticos y los medios de comunicación, las personas comunes y corrientes pueden dar un mejor ejemplo. Los seguidores de Cristo pueden dar un mucho mejor ejemplo. 

Mitch Carnell contribuyó con un capítulo excelente para el libro que editó, Christian Civility in an Uncivil World (La civilidad cristiana en un mundo no civilizado, en español) (Smyth & Helwys, 2009). El ensayo se llama “The Power of Words” (“El poder de las palabras”, en español). 

Las palabras tienen la habilidad de convertirse en parte de nuestras vidas…. 

Nuestro lenguaje es un tesoro sagrado. Por medio de él podemos unirnos a Dios en la creación de un mundo en el que se pueda vivir. Podemos levantar a las personas y ayudarlas a ser lo que Dios quiere que sean. Con nuestras palabras podemos también ser una fuerza poderosa para el mal, destruir la vida de otras personas, así como las nuestras…. Una vez que las palabras se dicen, nunca más se pueden retraer. Sus espadas nunca pueden envainarse de nuevo. Dios nos ha confiado una fuerza poderosa que se puede usar para bien o para mal.

Parece ser que nuestro primer paso para seguir adelante como nación es reconocer que las palabras que hemos oído de los candidatos, los comentaristas, nuestros amigos y que nosotros mismos hemos dicho nos han afectado a todos. Hay heridas profundas porque las palabras ofensivas siempre dejan cicatriz.

Al darnos cuenta de esas cicatrices, ahora tenemos la oportunidad de ayudar a cambiar el patrón de lenguaje que ha dominado el ámbito público.

Un segundo paso es reconocer que las palabras tienen consecuencias. Todos hemos dicho palabras que desearíamos no haber dicho. No podemos regresar el tiempo, pero podemos poner atención a las palabras que no hemos dicho.

Las palabras no simplemente causan buenos o malos sentimientos; también afectan el comportamiento. Carnell dice:

… las palabras inspiran comportamientos. Mark Twain entendía esto cuando dijo: “La diferencia entre una palabra correcta y una casi correcta es como la diferencia entre un relámpago y una luciérnaga”.

Las palabras de la Declaración de Independencia inspiraron a que las personas dieran su vida por las ideas encarnadas en ella. Abraham Lincoln cambió el curso de la historia cuando escribió la Proclamación de la Emancipación. El mensaje de Martin Luther King inspiró a la nación a que finalmente viviera de acuerdo a los ideales de sus fundadores. Edward R. Murrow, al ensalzar a Winston Churchill, dijo que había “movilizado el idioma inglés y lo había mandado a pelear”.

Las palabras no son recipientes vacíos; están llenos de significado y cargados de contenido. Evocan imágenes y transmiten sentimientos. Pueden herir o sanar, y causar enojo, pesar o alivio.

El tercer paso es ser inspirados por Cristo y las palabras de las Escrituras, buscar sabiduría ahí cuando no se habla a través de las personas que son el centro de atención, elegidos o no. Jesús dijo:

Este mandamiento nuevo les doy; que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros (Juan 13:34 NVI).

Debemos amar a Hillary Clinton y a Donald Trump; son nuestro prójimo y tienen más necesidad de lo que ellos pueden imaginar. El poder, el dinero y la fama no deben distraernos de la realidad humana que se expresa en estas dos vidas. Ambos necesitan a Cristo y sus seguidores, tanto al elegido por el voto popular como al no elegido.Y nosotros necesitamos al prójimo que votó diferente a nosotros; nos necesitamos los unos a los otros. Ni toda la sabiduría ni toda la locura está agrupada en un solo lado. Almas caídas votaron por cada uno de estos candidatos.

Por último: No importa qué suceda en los Estados Unidos, oro porque los cristianos permanezcan unidos bajo el señorío de Cristo. Podemos no estar de acuerdo en las soluciones políticas, pero debemos mantenernos unidos por el amor y poder eternos de Dios. Ningún conflicto terrenal debe separarnos, aun cuando no estemos de acuerdo. Estamos comprometidos por sangre y no la nuestra. No podemos atrevernos a tomar ese compromiso a la ligera.

Por lo tanto, hablemos con amor los unos con los otros, y como dice Carnell: 

las palabras son demasiado poderosas para ser dichas sin cuidado; son los ladrillos que construyen todas nuestras relaciones. Podemos usarlas para construir puentes entre nosotros o para levantar paredes que nadie puede penetrar.