Sanidad física y espiritual por medio de las misiones médicas


Por Analiz Schremmer
Autora colaboradora

ACUNA—El Dr. Luis Arturo Dávila tiene dos trabajos médicos exigentes, y además encuentra  tiempo para hacer trabajo voluntario en su iglesia, guiar un estudio bíblico para sus pacientes y pasar dos fines de semana al mes haciendo clínicas médicas para los pobre en Acuna, México a través del Ministerio del Río de los Bautistas de Texas.

“Trabajamos toda la mañana, a veces desde las 8 a.m. hasta las 8 p.m. Una vez vimos hasta 200 pacientes en un día”, dijo Dávila, quien sirve con su esposa y enfermera, Imelda Cruz de Dávila.

Dávila, de 50 años de edad, ha trabajado en el hospital durante 26 años y está a dos años de retirarse, pero no muestra indicio de reducir el paso.

“El trabajo médico es una vocación”, él dice. “Necesitas amar lo que haces. Alabo a Dios porque amo lo que hago”.

Hubo un punto en su vida cuando Dávila se alejó de Dios y su esposa no era cristiana. Él dice que cuando su hija tenía tres meses, se enfermó de gravedad. Estuvo tan enferma que su esposa lo llamó al trabajo y le dijo que la sacara del hospital para que muriera en su casa. A pesar de que no era algo que hacían con regularidad, ambos oraron por teléfono.

“Yo dije: ‘Dios, si es tu voluntad que ella muera, te la pongo en tus manos. Tú sabes lo que está sucediendo con mi hija y lo que mi esposa está pensando. He dependido de mí mismo y me he alejado de ti. Que se haga tu voluntad’”.

“Cuando llegué a mi casa, mi esposa no estaba allí así que fui a la casa del vecino, y mi bebé estaba comiendo como si nunca hubiera estado enferma. Mi esposa dijo: ‘Tan pronto como colgaste, la bebé estuvo tan saludable como si nunca hubiera estado enferma’. Yo entendí, entonces, que necesitaba regresar a Dios.  Él me llevó por un camino completamente diferente del que yo estaba. Unos años más tarde, mi esposa dedicó su vida a Dios”.

Dávila dice que él pudo ver cómo la enfermedad de su hijita le acercó a Dios y está agradecido por ser parte del plan de Dios para hacer lo mismo por otras personas.

Las personas con frecuencia le preguntan a Dávila por qué hace trabajo voluntario haciendo clínicas cuando pudiera estar descansando o ganando más dinero, pero él dice que lo disfruta. Es todo parte de servir a Dios.  

“A parte del salario que recibimos, tengo que recordar que nuestro trabajo es ser instrumentos en las manos de Dios, tomándole de la mano y descansando en que Él sea el Capitán. Él bendice el trabajo que hacemos y nada de lo que hacemos por Él es en vano”, dice Dávila.

Él ha examinado pacientes que sufren de tumores, malnutrición, problemas de la piel, y parásitos entre una variedad de condiciones.

Él explicó que las clínicas son llevadas a cabo en combinación con iglesia locales que con frecuencia ofrecen otros servicios, como actividades para los niños, clases de cocina y entrenamiento para trabajo manual. Más importante, las iglesias ofrecen el seguimiento inmediato para las personas que hacen decisiones de seguir a Cristo, dándoles la oportunidad de unirse a sus congregaciones.  

Él también visita los hogares de los niños para proveer servicios médicos.  

“Lo más importante es que todo lo que hacemos, lo hacemos para Dios”, él dice, añadiendo que encuentra fortaleza en ver cómo Dios usa el tiempo que él dedica.

Dávila recuerda haber ido en un viaje misionero a Chihuahua y viajar tan lejos como pudieron en autobús, entonces caminar un largo trecho para alcanzar a un grupo de personas descalzas y harapientas.

“Hay tanta malnutrición y el gobierno no hace nada. Pero, ésta fue una de mis mejores experiencias porque me permitió experimentar más y entender que hay un trabajo mayor afuera de mi iglesia y tengo que ir y ser parte de esto porque el Señor nos manda a ir”.

“Dios permite cosas como éstas para que las personas puedan ser alcanzadas por Él y Su voluntad.”

Dávila dice que en una clínica médica él vio a una paciente con un tumor en su abdomen. “Ella lo había tenido durante mucho tiempo y le dije que necesitaba cirugía porque podía morir. La llevé al hospital y recibió tratamiento. Ella dijo que trató de recibir ayuda en el pasado, pero fue ignorada por otros profesionales médicos”.

Más tarde ese día, Dávila recibió una llamada telefónica de la mujer, quien estaba a punto de entrar a cirugía. Al final, ella se unió a la congregación de una misión llamada Colonia San Antonio.

“Dios permite cosas como éstas para que las personas puedan ser alcanzadas por Él y Su voluntad”, dijo Dávila.

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