#YesAllWomen: la manera en que la iglesia debería reflejar el ministerio radica de Jes&uacut


En los últimos días he leído con creciente preocupación noticias sobre la violencia en contra de las mujeres y las menores.

Un vistazo a los titulares:

Adolescente sentenciado a 25 años por matar a una chica que se rehusó a ir con él a la fiesta de graduación (Teenager Sentenced to 25 years for Killing A Girl Who Said No to Prom)

El padre de un nadador de Stanford se refiere a abuso sexual como si hubieran sido "20 minutos de acción" (Father of former Stanford swimmer refers to sexual assault as ‘20 minutes of action’)

Un año después de la fiesta en la alberca en la ciudad de McKinney, un adolescente habla de lo que sucedió (A year after McKinney pool party, teen speaks out)

En Texas, nuestra atención está fuertemente enfocada en Baylor, pero el problema va más allá de un solo campus universitario. De hecho, uno de los documentados nominados al Óscar el año pasado, "The Hunting Ground", explora la práctica generalizada del asalto sexual en campus universitarios en los Estados Unidos, y tres años antes, "The Invisible War" se ocupó del mismo asunto, pero en las fuerzas armadas.

Pero no es el abuso sexual lo único que me preocupa; son también las actitudes y la disposición de los corazones que subyacen a ese tipo de comportamiento. Vivimos en un mundo en el que un padre defiende a un hijo que violó a una mujer ebria e inconsciente diciendo que se trató de "20 minutos de acción". Todo lugar al que la mujer voltea la mirada está saturado con imágenes de mujeres que son tan solo cuerpos para ser usados para el placer de los hombres. No tenemos los medios para lograr nada, sino solo aquellos que los hombres nos conceden. No aportamos nada más que caras bonitas y vestidos lindos. Somos incapaces de estudiar con profundidad las cosas y de entender nada que vaya más allá de las revistas de modas, Oprah y recetas de cocina.

Desafortunadamente, algunas de estas actitudes no se limitan a los no creyentes. La iglesia frecuentemente es igual de culpable por promover mensajes que devalúan a la mujer. Y lo hacemos cada vez que nos enfocamos en el recato no como una actitud del corazón, sino como la medida de una falda; cuando se hace a la mujer la única responsable del control de la concupiscencia del hombre; cuando hablamos del llamado de Dios a la mujer exclusivamente en relación a su esposo e hijos; cuando silenciamos, ponemos en vergüenza o ignoramos el abuso, tanto físico como emocional o sexual; cuando defendemos a hombres que usan su poder y posición a fin de abusar, ignorar y degradar a la mujer.

Este tipo de mensajes no solo hieren, sino que son destructivos y frecuentemente llevan a que la mujer sea herida física y emocionalmente en el lugar y a manos de quienes debería sentirse segura. Este tipo de mensajes le echa la culpa a la mujer en lugar de enfocarse en la responsabilidad del hombre de valorar y estimar a la mujer tal y como Jesús lo hace. 

La manera en que Jesús trató a las mujeres en la Biblia fue radicalmente contracultural para su tiempo. Jesús rompió con las normas sociales establecidas al hablar con las mujeres, al reconocer sus dones únicos e incluirlas en su cerrado grupo de seguidores (su madre, María Magdalena y Salomé). En las historias de la mujer samaritana y de la mujer adúltera (Juan 4:6-42; Juan 8:1-11), vemos que Jesús trató a mujeres que incluso tenían trasfondos poco respetables con bondad, dignidad y respeto. Aún los discípulos de Jesús se sorprendieron al encontrarlo en conversación con la mujer samaritana. Y con todo, Jesús le ofreció "agua viva", no condenación, y dignidad, no más ya vergüenza y culpabilidad.

Si vamos a seguir el ejemplo de Jesús, debemos guiar la batalla contra los mensajes destructivos sobre el valor y la estima de la mujer en la sociedad de hoy. Debemos valorar la imagen de Dios en todas las mujeres, no solo en quienes pensamos que actúan o se visten apropiadamente. La iglesia no solo debe enfocarse en mensajes diseñados para vigilar el comportamiento de la mujer a fin de evitar percepciones negativas o violencia; debemos también enfocarnos en mensajes que enseñen a los hombres y a los jóvenes varones cómo respetar y valorar a todas las mujeres.

Dios usa a la comunidad cristiana para hablar con la verdad. Recuerde que sus palabras, tanto las que verbaliza como las que no, impactan la manera en que las mujeres y las jóvenes en su vida y en la cultura más amplia ven a la iglesia y su lugar en el cuerpo de Cristo.

¿Estamos siguiendo el ejemplo de Jesús de actuar contraculturalmente, o simplemente reflejamos en nuestra vida las normas culturales de nuestros días? Por favor ore con nosotros a fin de que la iglesia guíe por medio de su enseñanza y al vivir la visión redentora de Dios para toda la humanidad, a fin de que tanto hombres como mujeres anden y vivan en plenitud sus llamados; al hacerlo evitarán ser un simple reflejo de los mensajes sociales destructivos al respecto del valor y el mérito de la mujer.