Cuatro Culturas Distintas Que Cada Iglesia Hispana Debe Alcanzar


En el 1979, mi papá era un ingeniero eléctrico en Monclova, Coahuila, Mexico, cuando escuchó el llamado del Señor a dejar todo para ser pastor. Él y mi mamá se mudaron a San Antonio y allí estudió en el Instituto Bíblico Bautista, ahora Universidad Bautista de las Américas (BUA). En los años venideros, él alcanzaría a su propio pueblo, pero en un país diferente. Dios le guió a pastorear una iglesia predominantemente compuesta de obreros inmigrantes en trabajos de temporada en Sulphur Springs, un pequeño pueblo en el este de Texas. 

Según crecí, vi a nuestro pueblo cambiar contextual y culturalmente. Al preparar a la iglesia para adaptarse, tuvimos que determinar cuál era el sector demográfico a quienes estábamos alcanzando. En nuestras iglesias hoy día, debemos hacer encuestas similares de componentes demográficos en nuestras comunidades más allá del idioma. Dedicar tiempo en la comunidad, ser intencionales al escuchar las historias de las personas, e invitarlos a entrar en nuestras vidas nos ayudará a ser efectivos y a entender la necesidad del evangelio. 

Actualmente, hay cuatro culturas diferentes que cada iglesia hispana debe buscar alcanzar: el migrante nacido en el extranjero; el hijo de primera generación del migrante; el hijo de segunda generación; y el miembro de la comunidad no-hispano, que no habla español. A pesar de que esto es una generalización, ser capaces de determinar cómo estamos alcanzando a estas culturas de manera proactiva nos ayudará a preparar para el futuro. 

Como la Iglesia, somos capaces de recibir la cultura del migrante al proveerles con un sentido de comunidad y un sistema de apoyo. Al no tener experiencia en sus alrededores, y tener poco respaldo de familia, la iglesia se puede convertir en un componente vital en sus vidas. El evangelismo relacional con frecuencia permite que reflejemos el amor que Cristo tiene por ellos. 

Los hispanos de primera generación por lo regular son biculturales y bilingües; educados en un lenguaje en la casa y uno en la escuela, cada uno forjando las diferentes culturas. La cultura y el lenguaje de los padres con frecuencia dominan en la iglesia; sin embargo, esto crea una dicotomía. Como creyentes, determinamos por medio de las Escrituras que nuestras vidas no deben estar compartimentadas. Es importante que nuestras iglesias cultiven una plataforma integral para que la fe de esta generación forje cada aspecto de sus vidas. 

Debido al hecho de que hispanos de segunda generación son un grupo demográfico emergente en el norte de Texas, sería sabio que las iglesias en esta área colaboren y busquen consejo de otras iglesias que ya han experimentado el cambio en paradigma. Los hispanos de segunda generación puede que hablen español o no, pero tendrán el deseo de aprender inglés. Debido a los recursos a su disposición, la probabilidad de tener educación continuada es más alta; por lo tanto, los métodos de enseñanza y el discipulado deben acomodarse a esta audiencia. 

También es importante que el liderazgo de la iglesia represente a este grupo. 

Marcos 16:15 nos exhorta a “Ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura”, y es un mandato que las iglesias hispanas deben obedecer. Nuestras comunidades están llenas con personas que son completamente diferentes que nosotros. ¿Cuán preparados estamos para llevar el evangelio a nuestras comunidades que puede que no hablen el mismo idioma que nosotros? La belleza del evangelio es que apunta a Jesús y en Él se encuentra nuestro denominador común. 

Actualmente, soy pastor de West End Church, una iglesia multiétnica en Dallas. Nunca hubiera imaginado el pastorear a un grupo de personas tan diferentes a mí, étnicamente, socioeconómicamente, y culturalmente; sin embargo, confío en que Dios me dio esta oportunidad de abrir las puertas para que otros hagan lo mismo. Para el día de hoy, casi 500 de nuestras iglesias Bautistas de Texas no tienen pastor, y en mi mente me imagino un campo de líderes hispanos listo para ser cultivado y cosechado para la obra. Supongo que, al igual que el llamado que mi papá tuvo de dejar su casa y moverse a otro país, Dios llamará a muchos líderes hispanos a levantarse dentro de su contexto cultural actual para trascender a lugares que nunca hubieran anticipado.

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