El conducir un auto es reflejo del carácter


El conducir por la autopista interestatal 35 entre Austin y Dallas-Fort Worth es navegar en medio de obstáculos de construcción, tráfico pesado y accidentes frecuentes. Puede convertirse en una tarea tensa y aburrida.

Esta semana hice un experimento. Puse el piloto automático en la velocidad límite y quité el pie del acelerador. La velocidad máxima entre Austin y el Metroplex varía entre 60 a 75 millas por hora y a menudo cambia, de modo que se requiere ajustar el piloto automático muchas veces.

No le va a sorprender si le digo lo que experimenté al conducir a la velocidad máxima permitida por la ley. La inmensa mayoría de los carros me rebasaron por la izquierda con velocidad. Algunos se me pegaron a la parte trasera del auto como si quisieran echarme a un lado, pero rebasé a algunos pocos.

El caso es que la inmensa mayoría de los tejanos infringen la ley, y no solo se trata de quebrantar una ley sin importancia; se trata de conducir un objeto de metal y plástico por la autopista a una velocidad capaz de matar si algo inesperado sucede. Es casi como si se pudiera multar a los conductores de Texas por intento de homicidio involuntario por su manera de conducir.

Permítame aclarar que yo mismo soy culpable. Cuando se trata de normas sociales aceptables concernientes a la manera de conducir un auto o camioneta, se da por hecho que las personas van a infringir la ley a menos que un oficial de la policía esté vigilando.

En una ocasión le dije a un grupo de universitarios que nuestro carácter se veía reflejado en la manera en que nos conducimos cuando pensamos que nadie nos está observando; la audiencia respondió unánimemente con risitas y jadeos nerviosos cuando lo dije.

Nuestros hábitos como conductores reflejan nuestro carácter. Si la policía o el oficial patrullero no nos están mirando, ignoramos la ley; pero muchos de quienes infringimos las leyes de velocidad somos muy rápidos en condenar a los que infringen otras leyes que nosotros sí respetamos; esto es sencillamente un acto inconsistente.

Uno pensaría que los cristianos somos muy buenos para vivir dentro de los límites de la ley ya que amamos a nuestro prójimo (y por lo tanto a otros conductores) tanto como a nosotros mismos, pero no es así. Los conductores que exhiben cruces y pescados en los parachoques de su autos rebasan el límite de velocidad tanto como quienes no son cristianos. 

Algunas leyes son injustas y deben ser cambiadas, pero nuestras leyes sobre los límites de velocidad no lo son; están diseñadas para hacer nuestras carreteras más seguras.

Escribo esto por cuatro razones:

Primero, si sufro un accidente fatal debido a un golpe en la parte trasera de mi automóvil, sabrán que yo solo estaba cumpliendo la ley y tratando de ser responsable en mi automóvil; que valoraba a otros en la carretera tanto como a mí mismo.

Segundo, quiero que nos animemos a pensar en nuestra actitud al conducir y en las leyes que están diseñadas para vivir en un lugar bueno y seguro, pero las cuales violamos a diario.

Tercero, hasta que dejemos de conducir por encima del límite de velocidad, no debemos quejarnos de que otros infrinjan otras leyes.

Cuarto, animémonos a cumplir las leyes que son justas y buscar cambiar aquellas que no lo son.

A propósito, conducir al límite de velocidad en la autopista I-35 es mucho menos estresante que rebasar el límite. Como resultado, todos estamos más seguros al conducir y llegamos menos estresados a nuestro destino. Si usted ve que lo rebaso, ore por mí porque se dará cuenta de que mi conducta no es la adecuada.