ES IMPORTANTE PROTEGER A LOS MENORES DE EDAD


Protegemos a los niños y a los adolescentes porque son un regalo de Dios y una bendición al mundo. Al crecer son vulnerables debido a su tamaño y a las etapas de desarrollo por las que atraviesan, y requieren de adultos que los cuiden y protejan.

No todas las sociedades le dan una gran importancia a la protección de los más jóvenes. Incluso en los Estados Unidos, tuvieron que aprobarse leyes laborales para proteger a los niños y adolescentes de la explotación. También nos aseguramos de que reciban educación básica, que los pequeños vayan asegurados en los automóviles, que los padres los traten apropiadamente, y no se permite que ningún adulto se involucre sexualmente con menores de 17 años de edad.

Aunque no todas las culturas protegen a los niños y los adolescentes de la manera que la sociedad estadounidense lo hace en la actualidad, las Escrituras hablan del gran valor que Dios le da a los menores de edad. (La Biblia fue escrita en un tiempo y lugar en que los niños llegaban a “la mayoría de edad” a los 13 años; en nuestra sociedad, con el aumento de su complejidad, esa edad es por lo general entre los 17 o 18, y algunas leyes reflejan ese aumento).

Los niños/adolescentes son de Dios.

Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa (Salmos 127:3, NVI).

Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre (Salmos 139:13).

Así dice el Señor, el que te hizo, el que te formó en el seno materno y te brinda su ayuda (Isaías 44:2a, NVI).

Los niños/adolescentes son una fuente de gozo.

A la mujer estéril le da un hogar y le concede la dicha de ser madre. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! (Salmos 113:9).

[Jesús:] “La mujer que está por dar a luz siente dolores porque ha llegado su momento, pero en cuanto nace la criatura se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser” (Juan 16:21, NVI).

Los niños/adolescentes deben ser valorados.

Luego [Jesús] tomó a un niño y lo puso en medio de ellos. Abrazándolo, les dijo: El que recibe en mi nombre a uno de estos niños me recibe a mí; y el que me recibe a mí no me recibe a mí, sino al que me envió (Marcos 9:36-37).

[Jesús:] “Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños. Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará a las noventa y nueve en las colinas para ir en busca de la extraviada? Y, si llega a encontrarla, les aseguro que se pondrá más feliz por esa sola oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños” (Mateo 18:10-14, NVI).

Los niños/adolescentes necesitan protección.

Los niños y los adolescentes son de Dios, son una fuente de gozo, y deben ser valorados, pero también están en una posición relativamente débil en relación a otros, especialmente los adultos. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento afirman la importancia de cuidar al débil y al vulnerable.

[Dios:] “Defiendan la causa del huérfano y del desvalido; al pobre y al oprimido háganles justicia. Salven al menesteroso y al necesitado; líbrenlos de la mano de los impíos” (Salmos 82:3-4).

¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos! ¡Levanta la voz, y hazles justicia! ¡Defiende a los pobres y necesitados! (Proverbios 31:8-9).

La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es esta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo (Santiago 1:27).

En Mateo 25, Jesús no menciona directamente el tema de la protección de los niños y adolescentes, mas sí afirma que el pueblo de Dios cuida a aquellos que se encuentran en situaciones vulnerables: quienes padecen hambre, los sedientos, los extranjeros, los desnudos, los enfermos, y los encarcelados (vv. 35-36). Jesús dijo que cuando cuidamos a los vulnerables es como si lo cuidáramos a Él (v. 40).

Al pueblo de Dios se le llama “ovejas” en la historia de Jesús, y son ellos quienes cuidan a los vulnerables. Aquellos que no cuidan a los vulnerables son llamados “cabritos”; ellos no son el pueblo de Dios y recibirán castigo eterno.

Los niños y los adolescentes entre nosotros son los más vulnerables. No solo son, en general, físicamente más pequeños que los mayores, sino también tienen una menor comprensión de lo que constituye un comportamiento bueno y apropiado. Necesitan la guía de los adultos para llegar a ser los adultos que Dios los creó para ser, y también necesitan que los adultos los protejan de quienes los pudieran herir.

Vivimos en un mudo de ovejas y cabritos. El pueblo de Dios, las ovejas, siempre sale al quite para proteger al vulnerable de aquellos que pudieran hacerles daño.