IGLESIA AZUL, IGLESIA ROJA: LA RAZON POR LA QUE LAS IGLESIAS DEBEN EVITAR EL PARTIDISMO DESMESURADO


Durante la Reunión Familiar de los Bautistas de Texas, dirigí un taller sobre cómo los cristianos pueden ser testigos públicos en la era del tribalismo. Aunque el salón donde di el taller estaba a reventar, creo que hubo lecciones del taller que merecen una audiencia más amplia, pues cada vez me siento más alarmada al respecto de la polarización que existe en las iglesias y de lo que esto está causando en nuestra habilidad de hacer discípulos. Muchos cristianos están luchando consigo mismos para mantener sus identidades partidistas en un papel secundario con respecto a sus identidades como seguidores de Jesucristo, y esto ha llevado a un aumento en el conflicto entre creyentes.

De acuerdo a un reporte reciente de Lifeway, más de la mitad de los protestantes menores de 50 años que asisten a una iglesia afirman preferir ir a iglesias a las que asisten personas que tienen sus mismos puntos de vista políticos, y muy pocos afirmar asistir a iglesias a las que asisten personas con diferentes puntos de vista políticos a los suyos.

El aumento en el rencor partidista en nuestro país tendrá consecuencias graves. La iglesia está siguiendo la cultura en vez de modelar cómo podemos trabajar juntos para el bien común a pesar de nuestras diferentes preferencias políticas, razas, géneros y situación socioeconómica. Los cristianos se están alejando más en direcciones contrarias debido a la política, y nuestras iglesias y el evangelismo están sufriendo porque hemos dado nuestra lealtad a partidos políticos antes que a Cristo y los unos a los otros.

La unidad no significa uniformidad. Los demócratas y los republicanos –y eso sin mencionar partidarios de Europa, África, Asia y Sudamérica--  estarán en el cielo. El involucramiento civil y el activismo son una parte importante de lo que significa ser ciudadano de los Estados Unidos, pero primero somos ciudadanos del reino de Dios, y debemos mantener las cosas en el orden correspondiente.

La esposa de mi pastor lo dice de la siguiente manera: “Lo primero es lo primero”. Estamos tan enamorados de nuestros partidos políticos que hemos perdido de vista lo primero, el reino de Dios y nuestra responsabilidad de hacer discípulos. Los siguientes son cuatro peligros de caer en las trampas del partidismo para el cristiano, y algunas sugerencias para evitarlos.

El primer peligro es confundir los puntos partidistas populares con verdades eternas de las Escrituras.

Amar a tu prójimo como a ti mismo se convierte en amar a tu prójimo republicano o estadounidense, o al que comparte tus mismos puntos de vista en cuanto a los cambios climatológicos, cuando en verdad la Biblia no hace tales delineaciones.

La verdad es que hay elementos de ambas plataformas políticas que son contrarios a las enseñanzas bíblicas. Hay muy pocas soluciones políticas específicas en la Biblia; mientras algunos tomamos ciertos principios para saber cómo pensar sobre ciertos problemas de política pública, es posible que otros cristianos no estén de acuerdo en nuestra interpretación, por ejemplo: sobre no ‘oprimir al pobre’ cuando se trata del acceso a seguro médico.

El segundo peligro es el darle prioridad al éxito de las plataformas de nuestro partido en lugar de a los mandamientos de las Escrituras y permitir que esto se refleje en nuestro lenguaje y comportamiento.

Por ejemplo, el principio bíblico de Imago Dei –de que todos somos creados a la imagen de Dios, con dignidad y valor conferidos por Dios, debería significar que los cristianos no usamos apelativos para referirnos a los demás, ni los deshumanizamos. Un área en la que he visto surgir esto repetidamente es en el tema de inmigración. La inmigración, como muchos otros temas políticos, es extremadamente complejo, y existen intereses en competencia de diversos lugares, pero el lenguaje que degrada a los inmigrantes indocumentados o a los agentes de la patrulla fronteriza viola los principios bíblicos de Imago Dei.

Cuando no podemos orar por aquellos con quienes no estamos de acuerdo, cuando somos testigos falsos al compartir noticias falsas, cuando limitamos nuestra responsabilidad de amar a nuestro prójimo a amar solo a nuestro prójimo estadounidense, o a nuestro prójimo cristiano, o al prójimo que comparte nuestros mismos puntos de vista con respecto al cambio climático, estamos siendo guiados por nuestro partido político y no por la Palabra de Dios.

El tercer peligro de nuestro partidismo en la iglesia es el poner nuestra confianza en las leyes y el poder político cuando Jesús es nuestra única esperanza.

Parte de nuestro discipulado debe consistir en ayudar a las personas a ver cómo el involucramiento político puede ser una herramienta para fomentar un florecimiento humano y abordar el problema de la injusticia, pero vivimos en un mundo caído, y mientas vivamos en él, algunas cosas no serán perfectas hasta que Jesús regrese y haga todo perfecto.

Sea usted demócrata o republicano, no caiga en la trampa partidista jactándose de líderes humanos o poniendo su confianza en príncipes y gobernadores que no pueden salvar.

Por último, cuando nuestras inclinaciones partidistas se vuelven lo más importante, diluimos el poder del evangelio.

En Juan 17, Jesús está orando por la vida y el ministerio de sus discípulos después de su partida. Entre muchas cosas le pidió al Padre que fueran uno –“que sean uno… como tú, Padre, eres en mí y yo en ti, que ellos también sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”. Para Jesús, nuestra unidad fue una de las maneras de identificarlo a él como el Salvador enviado por Dios. Nuestra unidad como el cuerpo debe testificar de lo que es Jesucristo y su misión en la tierra.

Los cristianos debemos involucrarnos en la política. Debemos votar y animar a otros a que lo hagan. Nuestro activismo debe ser para resolver problemas, buscar la justicia, y reparar sistemas rotos, no para sumar puntos políticos o para imponernos a los del otro bando. Debemos hacer esto con humildad y caridad hacia aquellos que piensan diferente, especialmente aquellos en el cuerpo de Cristo. La unidad es parte central de la misión de los cristianos; Pablo repetidamente advirtió contra la disensión y reprendió a Pedro por involucrarse en tribalismo étnico, recordándole a la iglesia de Efeso de “hacer todo lo posible por guardar la unidad y exhortando a la iglesia de Corinto a no estar desunidos, “sino unidos en la misma mente y propósito”.

En 1 Corintios 3, Pablo dice que se actuará en la carne y bajo inclinaciones humanas mientras existan los celos y las peleas entre el cuerpo de Cristo. Les recuerda que, como seguidores de Jesús, tienen un propósito común como siervos de Dios: el trabajar juntos para construir algo de valor eterno.  

Este mundo no es nuestro hogar, y todas nuestras lealtades al mundo deben ocupar un lugar secundario en comparación con nuestra lealtad a Cristo. Como el Pastor Scott Sauls dijo una vez: “bajo la autoridad de Jesús, la lealtad política pierde su importancia”. Al aproximarse la temporada de elecciones, los cristianos debemos recordar que nuestra esperanza está en Cristo y que independientemente de quién esté en el poder, debemos amarnos los unos a los otros como coherederos y colaboradores del reino.