JESÚS NOS LLAMA A ROMPER EL CICLO DE LA VENGANZA


Hace dos mil años Jesús puso el dedo firmemente en la noción de venganza. “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo. No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5:38-39, NVI).

Esto suena maravilloso hasta que uno es el que recibe la bofetada; entonces la cosa se vuelve personal. A mí me enseñó mi padre, quien es seguidor de Cristo, que si alguien me golpeaba, yo debía regresarle el golpe. Esto era el reflejo de una sabiduría rural práctica con la que él creció, no lo que Jesús enseñó.

La venganza es algo que se nos inculca a una temprana edad, y lo interesante es que la venganza está ligada a la justicia; de ahí la enseñanza del Antiguo Testamento de ‘ojo por ojo’.  De hecho, esta ley limitaba el castigo a que el agresor pagara proporcionalmente por lo que había hecho. En otras palabras, si alguien me robaba una vaca, yo no debía ir a matarle a su hijo. Yo debía buscar una restitución justa; una de sus vacas, o quizá más de una como castigo.

Aunque la justicia del ‘ojo por ojo’ es limitada, podemos ver cómo se metastatiza, especialmente cuando las personas o grupos buscan lo que ellos piensan que es un castigo justo, no lo que una autoridad externa piensa que es lo justo.

Esto sucede una y otra vez en el escenario global. Un interesante artículo de The Washington Post habla sobre cómo los supremacistas blancos y los musulmanes fundamentalistas se alimentan mutuamente.

Después de los recientes “ataques a las dos mezquitas en Nueva Zelanda que causaron 50 muertos, el Estado Islámico buscó una retribución”, de acuerdo a la reportera independiente Sulome Anderson: “Al denominar los ataques como una extensión de la campaña militar de los Estados Unidos contra el grupo en Siria e Irak, el vocero, Abu Hassan al-Muhajir, dijo que ‘esto debía despertar a quienes fueron burlados, e incitar a que los partidarios del califato vengaran a su religión’. Los fieles no pueden permanecer incólumes, dijo, mientras que ‘los musulmanes son quemados a muerte y son bombardeados’”.

Luego, comparó ese lenguaje a las palabras de Robert Bowers, el hombre acusado de entrar a la sinagoga Tree Life en Pittsburgh el pasado otoño y matar a 11 personas. “Bowers escribió antes del incidente que creía que la raza blanca sería erradicada por los judíos y los musulmanes. Obsesionado con HIAS, una organización de servicios sociales judía que ayuda a refugiados, incluyendo a musulmanes, a establecerse en los Estados Unidos. ‘HIAS quiere traer a invasores a matar a nuestra gente’, Bowers publicó antes del ataque: ‘No me puedo quedar cruzado de brazos viendo a mi gente ser sacrificada’”.

Se trata de venganza una y otra vez, en un sentido y en otro, y no parece tener fin. Hemos sido testigos por décadas de los ataques que han intercambiado Israel y sus vecinos árabes en el Medio Oriente. No tienen fin. La única manera de acabar con esto es que alguien, o alguna entidad, se salga intencionalmente del círculo de la venganza.

Puede resultar más fácil ver esto y condenarlo cuando se trata de un asunto internacional, pero la venganza también se abre paso en las relaciones personales y en grupos pequeños de individuos.

Veamos que más dice Jesús después de su comentario del ‘ojo por ojo’.

En primer lugar, ayudó a que las personas vieran que esto iba más allá de un daño físico. Se trataba de un daño financiero. “Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa”.  (v. 40).

Asimismo, esto se aplicaba a ser tratado injustamente, o simplemente sufrir de abuso. Jesús afirmó: “Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda”.  (vv. 41-42).

No es fácil vivir de esta manera cuando estamos rodeados de personas que nos quieren lastimar, y estamos rodeados de tales personas. Por supuesto, la propuesta de Jesús es la ideal, y es difícil alcanzar el ideal en un mundo pecador, pero buscamos lo ideal. Tome en cuenta que estos versículos hablan de daños personales; no dicen nada de ir salir al rescate de otros.

Luego, Jesús lo resume todo en un principio.

“Ustedes han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.

Pero yo les digo: ‘Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos’ (vv. 43-45, NVI).