UNA LECCIÓN DEL EXPRESIDENTE GEORGE H. W. BUSH


Es fácil decir que necesitamos más presidentes o más políticos como George H. W. Bush, y así zafarnos del anzuelo.

Joseph de Maistre en un par de famosos dichos señaló: “Todo país tiene el gobierno que merece” y “en una democracia la gente tiene los líderes que se merece”.

No somos la misma nación hoy que la que llevó al presidente Bush a la madurez; esta nación siempre está transformándose y cambiando. Resulta interesante que en su encarnación de 1992, los Estados Unidos desechó como presidente a este buen y gran hombre que había presidido sobre la caída de la Unión Soviética y guiado a la nación a su victoria en una guerra para detener una agresión: La Guerra del Golfo, pero aquí estamos hoy. Necesitamos una nación que forme y levante a verdaderos grandes líderes como lo hizo con George H. W. Bush.

Siempre que descubrimos los valores de una persona, debemos preguntarnos cómo se alinea con Jesús y la sabiduría más amplia de las escrituras. Así que tratemos de hacerlo con algunas ideas que se le atribuyen al presidente Bush. Su biógrafo, Jon Meacham, dijo que el código de la vida de Bush fue: “Di la verdad. No culpes a los demás. Sé fuerte. Da lo mejor de ti. Inténtalo con fuerza. Perdona. No pierdas el camino”.

Di la verdad. Esto es tan cierto como se oye. Es uno de los 10 mandamientos: no dar falso testimonio. Jesús dijo: “Que tu sí sea un sí y tu no sea un no”. En otras palabras, tu palabra debe tener tal valor que un simple sí o no será suficiente; no es necesario que jures por tu madre ni otra cosa si eres digno de confianza.

No culpes a los demás. La primera cosa que me viene a la mente es Génesis 3, en que Adán culpó a Eva por su pecado, y ella a la serpiente por el suyo. No funcionó; Dios los castigó a los tres. Proverbios 28:13 dice que no ocultemos nuestras transgresiones, y que el culpar a otros es una manera en que los seres humanos buscamos hacer esto. Otro pensamiento me viene a la mente: el culpar a otros es un comportamiento aniñado e inmaduro. El apóstol Pablo dijo: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño, cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño”.  1 Corintios 13:11, NVI).

Sé fuerte. Las palabras de Pablo vienen a mi mente con facilidad. “Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor” (Efesios 6:10, NVI). El vivir una vida con carácter, el vivir una vida para Dios requiere valentía y fortaleza; se menciona a lo largo de toda la Biblia.

Da lo mejor de ti. Inténtalo con fuerza. Colosenses 3:23: “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no para nadie en este mundo” (NVI).

Perdona. Este es la base del cristianismo. La oración modelo pide a Dios que nos perdone como hemos perdonado a aquellos que nos han hecho mal. En otras palabras, necesitamos y queremos el perdón de Dios. Debemos ser como Dios y perdonar a quienes nos han hecho mal.

No pierdas el camino. Este es un poco engañoso. No perder el camino es bueno si estamos en el camino correcto; debemos hacer lo contrario si estamos en el camino incorrecto. Hebreos 12:1-2 lo dice mejor cuando habla de la importancia de seguir a Jesús con perseverancia: “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (NVI).

Estos son algunos de los valores que caracterizaron la vida de George H. W. Bush, y son consistentes con las Escrituras; sin embargo, el presidente Bush, no fue perfecto. Como ocurre con el resto de nosotros, su vida está sujeta a críticas.

Al recordar al expresidente podemos ver las deficiencias en nuestras vidas y buscar ser mejores estadounidenses; y lo que es mejor, podemos ver a Jesús y buscar ser mejores seguidores de Cristo. Al seguir a Cristo, lo más probable es que escojamos líderes que algún día lleguen a ser elogiados como lo fue George H. W. Bush.

Related articles: Learning from George H.W. Bush