Voces: Creer es ver con los ojos de Cristo


No le tomó mucho tiempo a Salomón aceptarme como amiga, y a pesar de que no hablamos el mismo idioma, sí nos comunicamos; a veces lo sorprendía hablando solo.

Cuando estaba en la universidad, pasé una buena parte del tiempo en Puerto Príncipe, Haití, donde serví en un hogar para niños. Cuando recién conocí a Salomón, me sentía muy nerviosa porque padecía de una severa parálisis cerebral que afectaba su habilidad de caminar, correr o alimentarse por sí mismo. Me avergüenza confesar que al principio no sabía qué decir o cómo actuar alrededor de él.

Salomón me recibió con amabilidad, hacía bromas y le gustaba sentarse junto a mí en las tardes. Por algún tiempo yo no entendía por qué hablaba consigo mismo, a veces por horas. Nuestra amistad creció con el correr de los meses, y empecé a aprender un poco de criollo haitiano.

Un día escuché a Salomón decir mi nombre. Escuché con más atención y me di cuenta que estaba orando por mí. Corrección: estaba orando por todos sus seres queridos uno por uno y alabando a Dios; es su diario ritual.

Tengo un amigo que dice que las personas a las que servimos son nuestros más grandes maestros. Salomón es uno de mis más grandes maestros. Pensé que iba a Haití a bendecir a niños como Salomón, pero Salomón me bendijo a mí. Siempre le estaré agradecida por haberme abierto los ojos.

Nuestra visión impacta la manera en que vivimos

Pregúntele a cualquiera que usa lentes con prescripción: hay pocas cosas que nos desorienten o abrumen más que una visión distorsionada. Yo usé lentes muchos años y mi miopía me desestabilizaba cada mañana hasta que me ponía los lentes. Me era difícil concentrarme en clase, y era peligroso manejar sin ellos. El tiempo que usé lentes me enseñó que nuestra visión impacta la manera en que vivimos.

Jesús habla de nuestra miopía espiritual en Mateo 13, cuando dice: “Viendo no perciben, y oyendo no entienden”. En contraste, Jesús exhorta a sus amigos: “Dichosos los ojos de ustedes porque ven, y sus oídos porque oyen” (Mateo 13:16; NVI).

Jesús le pide a sus seguidores que vean con la perspectiva del reino, no a través de la perspectiva de la cultura o la religión de la época. Cuando vemos como Cristo lo sugiere, somos motivados a vivir de una manera diferente con respecto a las personas y comunidades que nos rodean. Nos llama a cambiar la manera en que nos relacionamos con otros.

Ver con los ojos de Cristo

Richard Rohr, en su libro Everything Belongs, dice: “El respetar al extranjero es probablemente la mayor prueba de fuego de que en verdad vemos”.

Es posible que Rohr tenga razón. ¿Cómo vemos a las personas que son diferentes a nosotros? ¿Cómo respondemos a las personas o grupos que nos hacen sentir incómodos o a los que no puedemos entender?

Cuando vemos con los ojos de Cristo, vemos en verdad—no de manera muy distinta de la del hombre al que Jesús sanó en Juan 9. Celebramos las fortalezas del humilde y aprendemos de personas que son diferentes a nosotros. Somos lentos para juzgar y prontos para escuchar.

Me he dado cuenta que cuando soy bendecida con la oportunidad de ver con una nueva perspectiva, aunque sea por un momento, el Espíritu Santo me convence de mi necedad. Qué gozo es aprender de otros, y que impedimento resulta ser el quedarme atorada en mi propia perspectiva.

Rohr también pregunta: “¿Puedes ver la imagen de Cristo en el más pequeño de tus hermanos y hermanas? Rohr usa eso como su única descripción de lo que será el juicio final; no los mandamientos, el asistir a la iglesia, la infalibilidad papal; simplemente nuestra habilidad de ver”.

¿Podemos ver a Cristo en la calle?

¿Podemos ver a Cristo en las prisiones?

¿Podemos ver a Cristo en la frontera?

Sí, podemos ver, pero ¿estamos dispuestos a ver?

Ali Corona es la Especialista del Ministerio del Hambre y Cuidado de los Bautistas de Texas de la Comisión de Vida Cristiana y es miembro de la First Baptist Church en Marble Falls.

English version at Baptist Standard.